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Tras las cámaras del premio Métiers d’Art de Chanel
Estilo de Vida

Tras las cámaras del premio Métiers d’Art de Chanel 


Dan Thawley
No hay certamen que pueda compararse con el Festival de Moda, Fotografía y Accesorios de Hyéres. Celebrado anualmente en el sur de Francia, y con ya 34 ediciones a sus espaldas, la cita sirve de referencia para todo el que busque descubrir o apoyar nuevo talento independiente.  Su premisa es simple: 10 finalistas en tres categorías (moda, fotografía y accesorios) que exponen su trabajo durante un fin de semana en el interior y los alrededores de la Villa Noailles, mítica residencia de la mecenas Marie-Laure de Noailles, erigida entre 1923 y 1928 por el arquitecto modernista Robert Mallet-Stevens en el punto más alto de Hyères. Noventa años después, se ha convertido en un auténtico festival: un bullicioso núcleo de eventos de moda y diseño que alimenta e impulsa la conversación global en tanto a las tendencias nuevas y futuras.

Gracias a su equilibrio entre tradición e innovación, la última edición del pasado fin de semana pudo añadir a la ya impresionante lista de certámenes del festival un nuevo galardón auspiciado por Chanel: el primer Prix des Métiers d’art, incluido dentro de la categoría de moda. Siguiendo la defensa que siempre hizo Karl Lagerfeld del trabajo de los talleres métiers d’art de la casa (a los que incluso dedicó un desfile pre-fall de Chanel), el nuevo premio internacional honra el legado del difunto director creativo y establece un vínculo directo entre cada uno de sus 10 finalistas y los artesanos de uno de los talleres de Parafecction de Chanel: Desrues, Ateliers de Verneuil-en-Halatte, Lemarié, Maison Michel, Massaro, Lesage, Goossens, Atelier Montex, Causse y Lognon.

Los diseñadores –entre los que se cuentan Tetsuya Doi, Yota Anazawa y Manami Toda de Polomani (Japón), Yana Monk (Rusia), Christoph Rumpf (Austria) Tsung-Chien Tang (Taiwán), Emilia Kuurila y Milla Lintilä (ambos de Finlandia)— son asignados a cada estudios en función de su fecha de nacimiento (el diseñador más antiguo con la casa más antigua, etc.), colaboración que da lugar a accesorios tan diversos como las colecciones que complementan, revelando con ello nuevas posibilidades para ambas partes, que ven ampliado su campo de creación.

Chanel

“Me emocioné mucho cuando supe que iba a trabajar con Goossens”, recuerda la diseñadora suiza Tina Schwizgebel-Wang, cuya colección de ropa masculina presenta dibujos estampados a modo de tatuajes y pieles reutilizadas, todo complementado con adornos figurativos en porcelana. “Paralelamente, he realizado una serie numerada de cuencos de cerámica que incorporan el mismo motivo: caras que provienen de bocetos míos, a modo de recuerdos de mis viajes. Mis cerámicas son muy frágiles, por lo que fue maravilloso poder rehacerlas en metal y convertirlas en auténticas joyas“, apunta sobre los amuletos en latón con forma de orejas y caras, moldeados primero en cerámica y fundidos después en bronce gracias a Goossens. Aunque algunos aparecen enhebrados entre el estampado de máscaras, explorando la idea de viaje aéreo, la pieza clave consiste en un par de orejas de tamaño natural que descansan sobre las clavículas, unidas por un collar articulado. “Trabajamos en los talleres para perfeccionar las formas y probar diferentes modos de unir las piezas entre sí”, cuenta Schwizgebel-Wang. “Me encanta el trabajo con los artesanos, para mí fue muy interesante entrar en su universo. Lo disfrute mucho”.

En el caso de la diseñadora letona Dita Enikova, su encuentro con la Maison Lemarié, de 139 años de antigüedad, dio vida a un espectacular abrigo de mujer azul cobalto con solapas de cuero y espalda y mangas adornadas enteramente con plumas, formando un degradé del negro al azul. “Estábamos revisando juntos sus archivos y vi una muestra que llevaba una capa plastificada sobre las plumas. Supe de inmediato que esa era la mía, ya que me recordaba a los demás materiales de mi colección”, explica sobre la cobertura brillante que protege las plumas aplicadas en la mitad superior de su diseño. “Desarrollamos un motivo ondulado en la capa de plástico que recubre los puños, como una referencia al agua y las olas, vinculada de nuevo a la idea de impermeable. El equipo de Lemarié me sugirió emplear plumas más oscuras para la parte inferior del abrigo, y así es como empecé a pensar en hacer un degradé y añadir un estampado en las plumas de los hombros”, continúa. “Me parecieron superprecisos y trabajaba mucha gente a la vez en cada pieza. Hubo muestras muy pequeñas que conllevaron muchas horas de trabajo. La actitud es muy diferente cuando trabajas con este tipo de materiales”.

Chanel

El trabajo de los bordadores de Lesage no pilló por sorpresa a la diseñadora francesa Lucille Thievre, quien ya había comprobado en primera persona, cuando trabajaba en el estudio de Givenchy, la multitud de posibilidades que brinda la maison. Pero para su propio proyecto quiso evitar la extravagancia y, en vez de rendirse a sus cuentas de perlas y adornos de cristal, se centró solo en el trabajo en hilo. “A medida que íbamos colaborando, una vez diseñada la colección, pude pensarme bien lo que añadir para aportarle dimensión“, explica Thievre, que realzó sus sinuosas siluetas con mangas aterciopeladas en piel de cordero y un pequeño bolso fruncido. “Por lo general, me interesa más la belleza en sí de los materiales que embellecerlos, así que elegí una forma de trabajar con Lesage bastante pura y original, creo. Volvimos al bordado en hilo, que fue el primer tipo de bordado, y nos inspiramos en los tapices del siglo XX de Jean Lurçat. Estamos muy acostumbrados a ver tapices antiguos en tonos descoloridos, pero los suyos son más contemporáneos y en colores muy vivos“, reflexiona sobre sus creaciones, con florales abstractos bordados en hilo fucsia, caléndula, esmeralda y bermellón. “Durante el proceso, Lesage estuvo en todo momento para ayudarme a encontrar soluciones técnicas y asesorarme sobre qué materiales usar para trasladar mis ideas a los motivos”, dice Thievre. “Yo llevé al taller el cuero y el motivo elegido, ellos bordaron todos y cada uno, y después construí las piezas definitivas”. 

Desde Dublín, Irlanda, la diseñadora Róisín Pierce se alió con el taller de sombrerería Maison Michel, combinación ganadora que se hizo con el primer Prix des Métiers d’art de Chanel, junto con una dotación de 20.000 € para su próxima colección. La propuesta de Pierce, titulada MNÁ I BHLÀTH, o “Mujeres en flor”, arroja luz sobre la difícil situación de las “mujeres caídas” que eran internadas en las famosas lavanderías de las Magdalenas de Irlanda en los siglos XVIII, XIX y XX, no solo obligadas a trabajar duramente sino también a realizar exquisitos encajes. Las creaciones de Pierce, en tela blanca con broderie anglaise de voluptuosas flores, encontraron reflejo en sus tocados: dos sombreros a modo de pétalos en la misma tela de las prendas, si bien armada en novedosas estructuras gracias a las técnicas milenarias de Maison Michel. “Le mostré a la directora creativa, Priscilla (Royer), mis bocetos y le gustaron mucho.  Pero estaba un poco preocupada porque no lo dibujo tal cual, sino que prefiero drapearlo. De modo que al final usé 3D Blender, un software de modelado digital, que dio una imagen muy precisa, sobre todo de los volantes. Y lo que hizo fue increíble, fue casi como si lo hubieran impreso en 3D. Se trata de una tela elástica con broderie anglaise envuelta alrededor de un alambre. Cuando lo ves en la modelo, realmente la envuelve, como si ella misma fuera otra flor más de la colección“.
 






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